El Ferrocarril de Langreo comenzó la explotación en 1853 utilizando una
amplia serie de vagones de origen británico y tipo muy primitivo, enteramente
construidos en madera, salvo los ejes, ruedas y algunos herrajes.
El primer modelo, para 3,5 toneladas de carga, fue ampliado posteriormente
con una variante para una capacidad máxima de 4,5 toneladas.
Su finalidad básica era el transporte de carbón, pero también se usaron para
mineral de hierro y otras mercancías. El sistema de trampillas por el fondo,
aunque rudimentario, permitía una descarga razonablemente rápida a buques en las
instalaciones portuarios de Gijón.
A pesar de sus obsoletas características, ya que carecían de suspensión e
incluso de topes, estuvieron en servicio hasta la primera década del siglo XX, cuando fueron definitivamente sustituidos por tolvas metálicas de dos ejes.
